EPILEPSIA EN NIÑOS

La epilepsia es una enfermedad Neurológica que afecta al Sistema Nervioso Central. Consiste en una repetición de crisis epilépticas sin un claro factor desencadenante y sin un motivo aparente. Es la enfermedad neurológica más frecuente, por detrás de las cefaleas. Cuando se recibe el diagnóstico de la enfermedad, es quizás el peor momento para el paciente y los familiares, en parte, por el desconocimiento que hay sobre la misma.

Se considera a un niño epiléptico cuando sufre ataques con determinada frecuencia. El origen de la epilepsia se relaciona con cambios breves y repentinos del funcionamiento cerebral. Esta patología puede deberse a lesiones o cicatrices cerebrales producidas durante el nacimiento o inmediatamente después de nacer. No obstante, existe otro tipo de epilepsia llamada idiopática cuyo origen se desconoce y no posee señales cerebrales.

Tipo de crisis epilética

  • Crisis parcial simple
    Se produce una alteración del movimiento, vista, oído, memoria o sensación. La persona no pierde el conocimiento
  • Crisis parcial compleja
    La persona pierde el conocimiento y puede aparentar encontrarse en trance. La persona puede repetir ciertos movimientos varias veces. Aproximadamente las 2/3 partes de las personas que padecen epilepsia sufren este tipo de crisis.

Crisis epilépticas generalizadas

  • Crisis de ausencia (antiguamente llamada “Pequeño Mal”)
    La persona pierde el conocimiento y parece mantener fija la vista (este tipo de crisis es más frecuente en niños)
  • Crisis mioclónicas
    Grupos de músculos o el cuerpo entero se sacuden repentinamente.
  • Crisis tónica
    Los músculos de todo el cuerpo se ponen rígidos.
  • Crisis atónica
    Los músculos se aflojan y la persona cae el suelo.
  • Crisis generalizada tónico-clónica, convulsiva (antiguamente llamada “Gran Mal”)
    La persona pierde el conocimiento. El cuerpo se pone rígido. La persona cae al suelo y el cuerpo empieza a sacudirse rítmicamente (hacia delante y hacia atrás)
  • Enfermedades de otros órganos, como enfermedades del hígado y de los riñones, diabetes y alcoholismo.
  • Epilepsias familiares.
  • Problemas antes del nacimiento que afectan al crecimiento del cerebro.
  • Problemas durante el parto, como lesión cerebral.
  • Lesiones de la cabeza, sobre todo por accidentes de coche.
  • Tumores cerebrales.
  • Infecciones del cerebro, como meningitis o encefalitis.
  • Hemorragia cerebral, es decir formación de un coágulo de sangre en el interior del cerebro.
  • Envenenamiento por plomo.

El primer paso para iniciar el tratamiento de la epilepsia es hacer un diagnóstico correcto, por lo que es necesario que un médico especialista en el área neurológica como Neuropediatría realice un examen físico y neurológico completo para confirmación del diagnóstico y estudio imagenológico para ir descartando las posibles causas de esta epilepsia.

En general se trata la epilepsia con un solo fármaco.

Es importante utilizar la dosis eficaz mínima, que se calculan en función de la edad y del peso del paciente. Es preferible iniciar el tratamiento de forma lenta y progresiva, con ascensos de dosis a lo largo de los días, facilitando la habituación del paciente al fármaco y evitando así reacciones adversas que sí pueden ocurrir si se administran dosis elevadas desde un primer momento. También es aconsejable hacer coincidir las tomas con las comidas, con lo que se facilita el cumplimiento terapéutico y se evita la posible aparición de síntomas digestivos en caso de tomar el fármaco con el estómago vacío.

Debe elegirse el fármaco más adecuado para cada caso. El fármaco debe elegirse en función del tipo de crisis epiléptica que sufra el paciente.

Aunque es posible que los medicamentos no curen las crisis epilépticas, si se toman con regularidad pueden ayudar a controlarlas, reduciendo o eliminando las crisis.